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Promociones Luis Barros
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12/04/2013
Pinta de emociones tu casa

Si fueses un color, ¿cuál serías?, ¿azul cielo, rojo apasionado, rosa chicle? Los colores dicen mucho de ti; por eso, debes escogerlos teniendo en cuenta tu propia personalidad y el tipo de ambiente que quieres crear en tu hogar ¡Bienvenido a la colorterapia!

Estamos acostumbrados a vivir en hogares pintados con colores como el blanco, el amarillo pálido o como mucho un tímido azul. Son pocas las personas que se arriesgan a pintar con colores más atrevidos que puedan darle al hogar un aire diferente y original. En la mayoría de los casos, además, se lanzan a pintar sin conocer qué sensación puede aportar cada color a esa habitación y, por lo tanto, qué sentimientos puede trasmitir a los habitantes de la casa.

En general, a la hora de pintar, todo el mundo se inclina por el blanco. Al representar un color puro es perfecto para armonizar sobre todo cuando el mobiliario está formado por estilos diferentes y, sin embargo, es el color más impersonal. Otro de los más recurrentes es toda la gama de colores pastel que crean un ambiente muy acogedor dándole un toque de calidez al hogar.

Sin embargo, ¿sabemos cómo influye cada color en nuestro estado de ánimo? Bruguer, reconocida marca en el mundo del bricolaje y la decoración, quiere darte algunas pistas para que conozcas qué influencia tienen los colores en tu bienestar emocional.

El rojo es pasión y emoción. Atrae la atención visual rápidamente y en algunas culturas está considerado símbolo de la suerte. La energía vital que transmite es ideal para estancias como el comedor o la biblioteca porque se asocia con lugares de mucha actividad y fomenta la creatividad.

El color gris es perfecto para darle un aire sotisficado a cualquier estancia de la casa sobre todo combinando con mobiliario minimalista de colores brillantes pero puede provocar sentimientos de nerviosismo y aislamiento en personas con tendencia a ser introvertidas. Por eso, es mejor reservarlo para hogares de personas con personalidad fuerte que no se sientan intimidadas por la neutralidad de este color.

El naranja atrae la vista, estimula la conversación y fomenta la sociabilidad. Por eso, es ideal para aquellas estancias en las que se producen más interacciones sociales como el salón o el comedor y está especialmente indicada para aquellas personas con el ánimo bajo porque ayuda a deshacerse del miedo favoreciendo la eliminación de estados depresivos.

El rosa, por su parte, tiene un gran efecto calmante y relajante promoviendo la afabilidad. Ayuda a despejar la mente de pensamientos negativos y proporciona energía; por eso es perfecto para el dormitorio o cualquier rincón de la casa que invite a la desconexión.

Luz y optimismo. Esto trasmite el color amarillo, que además de aportar muchísima claridad a cualquier espacio, es excelente para llevar la alegría a cualquier ambiente estimulando la capacidad intelectual y elevando el ánimo.

Si lo que buscamos es  serenidad, el azul es el color prefecto para conciliar el sueño y relajarse. Su efecto calmante y tranquilizador lo convierte en un color que se adapta a la perfección a cualquier estancia de la casa. Además, la sensación de limpieza que aporta hace que se adapte perfectamente a espacios como el baño o la cocina donde se busca sobre todo sensación de orden.

El color marrón también transmite calidez y permitirá a las personas más nerviosas canalizar mejor la tensión. Sus tonalidades más pastel, aportarán dulzura y llamarán al positivismo.

El verde es el color de la naturaleza, trasmite seguridad y anima al crecimiento emocional. Fomenta la actividad cerebral y calma el estado de ánimo. Por eso, está indicado para habitaciones de adolescentes que necesitan reafirmar su identidad o para motivarse ante la consecución de un reto.

El violeta por su parte, es un color que expresa exclusividad y autoridad, según el Feng Shui, intensificando la capacidad intelectual y el autocontrol. Ideal para conectar con la parte más emocional invitando a la meditación encaja con estancias destinadas a relajarse como la sala de estar o el dormitorio.

Finalmente el color blanco, además de ser siempre una apuesta segura y nunca pasar de moda, se aconseja en habitaciones que reciben abundante luz natural porque incrementa la sensación de amplitud. A nivel emocional trasmite paz y permite despejar la mente.